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Alimentación

Trastornos de la alimentación

Por la Lic. Liliana Jud

Los adolescentes se encuentran en una etapa de cambio que los hace vulnerables: los cambios corporales, la necesidad de incorporar el aspecto sexual, la búsqueda de vocación. Son campo fértil para el surgimiento de trastornos, entre ellos los trastornos alimentarios.
Se debaten entre los propios deseos, difíciles de reconocer aún, y los deseos de los padres que difícilmente coinciden con los propios, en un intento de construir la identidad.

La sociedad de consumo les hace llegar un mensaje que asocia delgadez con éxito social, confundiendo los valores: el interés por verse bien puede convertirse en una obsesión que ocupe el lugar principal de la vida.

Cada época histórica está signada por un modelo de cuerpo basado en estereotipos e ideales. Los medios de comunicación se encargan de transmitirlo.

¿Será el lugar que se le da a la belleza en nuestra cultura lo que ha hecho aumentar estas enfermedades entre los adolescentes? ¿Se aspira a ser como la modelo en persona o ser como la imagen que nos vende la pantalla del televisor? ¿No será que aceptamos pasivamente la realidad que nos imponen sin hacer un verdadero trabajo reflexivo?

Sin embargo, no toda la responsabilidad será de los medios. Jóvenes perfeccionistas pero quizás con baja autoestima dicen “me veo gorda/o”, “si fuera flaca/o tendría más éxito”, mostrando de esta forma el deseo de controlar el propio cuerpo. Así creen alcanzar cierto poder, cuando en realidad sólo logran control sobre los alimentos.

Una buena alimentación es mucho más que proveer lo que el cuerpo necesita. Es también un acto social a través del cual establecemos lazos afectivos con otras personas. Cuando están sobre valorados el aspecto físico, o el rendimiento -escolar, laboral, intelectual- no se tiene en cuenta que para el adolescente el éxito está más referido a “ser aceptado y valorado” por sus pares y por el sexo opuesto.

Muchas veces el adolescente no encuentra la manera de expresar sus afectos, sus miedos y preocupaciones. Su rechazo a la comida o el saciarse descontroladamente se transforma así en una forma de comunicar algo.

Muchas veces los adolescentes padecen de una sensación de vacío. Sienten por ejemplo: “No tengo amigos”, “no me aceptan”. Y para aliviarse de la angustia que esto les ocasiona, organizan un vacío “controlado”: el deseo de comer o la falta de este deseo se constituye en figura principal que oculta un fondo lleno de preocupaciones que incluye el aspecto sexual, el deseo de ser aceptado, los sentimientos de soledad, interfiriendo así la posibilidad de disfrutar lo positivo y placentero que a su vez tiene el crecimiento.

El adolescente en esta situación necesita un espacio que le permita dejar de mirarse el propio ombligo en el espejo, para ir desarrollando otros aspectos de su personalidad, volver sus deseos hacia los otros y hacia el mundo, fomentando así su autonomía para dejar de ser esclavo de los modelos sociales.

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